RESPETEMOS las ENCINAS

Nombre científico: Quercus ilex
Nombre común: Encina











Este artículo trata de cerca el caso de la encina pero bien podría servir de ejemplo para otras muchas especies y en muy diferentes latitudes. Hoy hablaremos del respeto a las arboledas autóctonas preexistentes en los jardines de parcelas rústicas, que acaban siendo víctimas de nuestro incontrolado deseo por poseer el Jardín del Edén, sin más miramientos que una imagen idílica contra natura.

La encina, junto con el alcornoque (sometido a la misma presión), es un árbol abundante en la dehesa extremeña, por no decir que su silueta es la estampa más representativa de sus campos.  Muchos de estos campos, que fueron antiguas fincas de grandes extensiones, han sido segregados en pequeñas parcelas donde han emergido urbanizaciones de uso residencial de fin de semana. Hablar de parcelas de uso residencial es hacerlo de piscinas y praderas de césped y es ahí donde radica el problema.

Existe una creencia muy extendida de pensar que tener una gran pradera de césped es sinónimo de tener un gran jardín. De ahí que los espacios ajardinados se hayan convertido en alfombras verdes en un alto porcentaje, dejando a un lado la jardinería mediterránea que tantas posibilidades nos ofrece.  

Una frase que ya he oído pronunciar en varias ocasiones al visitar por primera vez una parcela donde íbamos a actuar, es “ahí había una encina”. Curiosamente, ese ahí siempre está cubierto de césped.

En una ocasión, incluso, llegué a recibir el encargo de diseñar inundando de césped una parcela de más de 2.000 m² que era todo un encinar. La idea idílica de disfrutar de las encinas sumergidas en una estampa casi de campo de golf, era lo que había motivado a los propietarios a requerir mis servicios. Por supuesto, lo primero que tuve que hacer fue explicarles y convencerles del desastre que hubiera supuesto esa actuación, que hubiera resultado de ensueño en sus inicios, pero que habría acabado con la muerte de toda la arboleda. He de decir que lo entendieron y accedieron a cambiar el diseño.

Por suerte, no siempre se dañan las arboledas preexistentes y, en ocasiones, conseguir mantenerlas es incluso una directriz impuesta por la propiedad, como en este otro caso en una vivienda de Mérida, donde se mantuvieron y respetaron veintidós ejemplares de Quercus ilex.

El secano requiere de sus especies xerófilas, al igual que en latitudes con climatologías lluviosas se dan especies hidrófilas. Debemos ser consecuentes con nuestras actuaciones, ponernos del lado de la naturaleza y no contra ella, pues esa guerra siempre estará perdida.

Por otro lado, ¿es necesaria tanta superficie de césped para disfrutar del verde en los jardines?. La respuesta es no, existen multitud de alternativas que nos harán vivir intensamente los espacios exteriores sin necesidad de recurrir a las alfombras verdes. Sí que estoy de acuerdo con la configuración de praderas en los espacios destinados a solárium, pero de madera más contenida, en su justa medida. Este Chill out diseñado en Elvas (Portugal), puede servir como ejemplo de superficie que resultó más aprovechable una vez transformada en espacio más arquitectónico que cuando era simplemente un área de 60 m² de césped.

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