BAJO MANTENIMIENTO, 2ª parte: Automatización del riego


Jardinería de bajo mantenimiento













Continuamos con la serie de post dedicados al BAJO MANTENIMIENTO en los jardines y en esta ocasión repasando unas sencillas directrices a seguir en las instalaciones del riego automático.

Podemos pensar que con una instalación automática ya está todo hecho en cuanto a los aportes de agua para nuestro jardín. Realmente, si un riego no está bien planteado puede no ser un buen aliado para el bajo mantenimiento.

Al margen de la comprobación de presión necesaria, caudal, tipo de agua u otras cuestiones técnicas, nos vamos a centrar en las claves del bajo consumo que podríamos resumir en:


Sectorizar según las necesidades de cada diseño

No podemos pretender realizar una instalación que riegue todo nuestro jardín a la vez y lo haga de manera eficiente. El primer inconveniente que vamos a encontrar si lo hacemos así es que, probablemente, nos quedemos sin presión. Tampoco todas las zonas tendrán las mismas necesidades de agua, por lo que con un riego global unas zonas recibirán más agua de la que necesitan y otras se quedarán a medias.

Es por ello que debemos establecer varios sectores, que trabajarán de forma alterna y con diferentes condiciones. Fundamental para ello servirnos de una centralita que controle las diferentes áreas, los caudales y los tiempos.

Ayudará mucho agrupar plantas por similitud de necesidades hídricas. De esta manera nos aseguraremos de que el riego sea eficiente para todas y cada una de ellas.

Se nos puede dar el caso de plantaciones que en perfecta convivencia requieran de dos sectores diferentes. Un ejemplo muy claro sería el olivo que se encuentra en mitad de una pradera de césped. Los tiempos del riego por aspersión del césped serán insuficientes para que tome el agua necesaria el olivo, por lo que haremos llegar hasta éste un ramal del riego por goteo con caudal y tiempos diferentes.


Regar por las mañanas o por las noches

Es importante tener en cuenta que si regamos en horas de exposición solar, se producirá una evaporación que estará provocando pérdidas. Un riego nocturno mantendrá la humedad de la tierra por más horas con menos cantidad de agua.


Igualar presiones

Si los sectores los realizamos simplemente extendiendo ramales que pudiéramos decir “acaben un punta”, siempre vamos a tener más presión y caudal al inicio de la tubería que al final de ésta. Con un sistema dispuesto de esta manera vamos a tener riegos muy descompensados, con plantas a las que no llegará el agua de manera correcta.

Es por ello que debemos realizar todos los sectores en “anillo”, consiguiendo así que en toda la tubería tengamos la misma presión. Incluso un parterre lineal de varios metros de distancia debe ser resuelto de esta manera. Si bien, la tendencia sería colorar un ramal a lo largo de este parterre, lo correcto será cerrar el anillo, aunque se trate de una franja estrecha, es decir, que la tubería vaya y vuelva para conectarse de nuevo en el ramal de su acometida.


Reducir los riegos progresivamente

Esto es algo que ya comentamos en el post anterior. Las plantas van teniendo menos necesidades de agua a medida que se van adaptando al lugar, así que debemos controlar esta cuestión y adaptar caudales y tiempos de riego a las necesidades reales de nuestro jardín.

Incluso, lo más probable es que en determinadas épocas del año tengamos que llegar a desconectar por completo el sistema, todo dependerá del tipo de jardín y del lugar.


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